COMO UN PERSONAJE MAS EN EL BELÉN DE SALZILLO (IV)

 

EL DESOLLADOR

Hoy es difícil ver dicha escena porque en la actualidad está prohibido y ahora son las máquinas las encargadas de desollar los ovinos, pero en el tiempo que Francisco Salzillo me modeló, y hasta hace relativamente poco se podía contemplar la escena en algunas casas de la huerta de Murcia. Normalmente las reses se sacrificaban en el matadero por el matarife que utilizaba los utensilios necesarios para su oficio.

Los carniceros le compraban los corderos sacrificados y limpios para vender la carne despiezada.

Las pieles se secaban y se trataban para hacer el cuero. El cuero de piel de cordero, desde siempre se ha utilizado para hacer guantes, chaquetas, pantalones y otros tipos de ropa.

Hoy, en la huerta, es más frecuente ver esta escena desollando un conejo que la familia o los amigos van a cocinar para hacer el típico plato murciano, arroz con conejo.

Desde el origen de la humanidad el hombre ha sacrificado animales para su alimentación y para ofrecerlos en sacrificios. El cordero se consideraba uno de los animales indicados para estos fines, además de proporcionar materia prima como era la lana para tejer.

Como tengo que sacrificar un cordero me he vestido con unas ropas viejas para realizar dicho trabajo.

En un tronco de limonero seco que hay delante de mi casa he colgado el cordero recién sacrificado. Lo he atado por las patas traseras y después de unos cortes en la piel y cortarle las patas delanteras, comienzo a tirar de ella con fuerza ayudado con el puño de mi mano izquierda, para que se desprenda de la carne. Hay que hacerlo con habilidad y cuidado para que la piel no roce la carne y deje malos olores y sabores.

El cordero joven se convirtió en el animal predilecto para sacrificar. Simbolizaba la pureza, la inocencia y la obediencia al seguir al pastor aunque este le lleve al matadero. Simboliza, igualmente, no solo el sacrificio, sino también el martirio.

En el Génesis leemos que Dios puso a prueba a Abraham: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moriá, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré»

       Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo

Y el Ángel le dijo: No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.

       Abraham levantó la vista y vio detrás un carnero enredado en la maleza por los cuernos. Fue Abraham, tomo el carnero y lo ofreció en sacrificio en vez de su hijo.

       Como soy un personaje más del belén me traslado al tiempo de Jesús niño. Es el 14 de Nisán y después de despellejar el cordero lo dejo preparado para la noche. Como la familia de José son pocos he llamado a unos parientes suyos para que se unan a ellos, para cumplir lo dicho en la Escritura: «asen el cordero y se lo coman acompañado de pan ácimo y hierbas amargas”.

Nadie pensó, en esos momentos, que algunos años más tarde sería aquél hermoso Niño el que se ofrecería como víctima propiciatoria para salvar al género humano. El cordero de Dios que quita los pecados del mundo, nació para salvar a los hombres y estos lo han entregado para que lo crucifiquen.

Él es el verdadero cordero que se inmola voluntariamente por cada uno de las mujeres y hombres que poblamos la tierra, aunque algunos no se hayan enterado.

Ese Niño que nació para perdonar lo hemos condenado al suplicio. Traía el Amor y le hemos pagado con el odio. Vino a ser Rey y lo coronamos de espinas.

Entonces,  dejo mi faena por un momento y me acerco al portal y le pido permiso a su Madre para poder besar al Niño y deposito en su cara un suave y amoroso beso para que no se despierte.

Desde que mi señor Salzillo me moldeó, y me puso en el belén, seguiré despellejando el cordero, como demostración de un oficio que se ha perdido.

 

 

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