Como un personaje más en el Belén Salzillo – Episodio VIII

Nos  narra el Evangelio de San Lucas que  cuando María y José se encontraban en Belén para empadronarse “le llegó la hora del parto, y dio  a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales  y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento”

El aposento del que habla el Evangelio, los artesanos y belenistas, tradicionalmente, lo han representado como una posada donde en la escena aparece San José hablando con una persona que está a la puerta o asomado a la ventana mientras la Virgen está subida en un asno esperando la respuesta del posadero.

La casa es una típica vivienda murciana del tiempo de Salzillo. En la placa que cuelga de un madero está escrita la palabra Posada.

El posadero modelado por Salzillo es una persona joven de piel morena y con los ojos desviados hacia dentro debido a un estrabismo que le da un semblante extraño a la vez que gracioso.

Ahora me pongo en su lugar. Sé que mi apariencia, inevitablemente, causa un cierto desconcierto a primera vista ya que soy bizco. Cuando era niño muchos niños se reían de mí debido a mi estrabismo convergente. Yo sufría, hasta que un día comencé a reírme de mi mismo y lo superé. Por eso no me molesta que los que ven el belén de mi señor Salzillo digan: ¡el posadero está bizco!

Esta noche he escuchado unos golpes en la puerta y me asomo a la ventana. Voy vestido con mi sayo o camisa y mi gorro de dormir y con un candil de aceite en la mano. Como es de noche, con él alumbro en la oscuridad y veo un hombre joven y un poco más alejado a una joven mujer montada en un borrico.

Me dirijo al forastero que ha golpeado en mi puerta: Shalom aleijem (la paz sea con vosotros).

Aleijem shalom, me responde con acento galileo y continúa diciéndome:  siento despertarte a estas horas, pero acabamos de llegar a Belén y necesitamos un lugar donde descansar. Mi esposa está en estado avanzado de gestación y me gustaría tener una habitación para ella y descansar.

Lo siento, la posada la tengo a reventar, no me queda el más mínimo espacio, igual que vosotros ha venido mucha gente de distintos lugares a empadronarse a la ciudad de David.

¿De dónde sois vosotros? pregunto por curiosidad.

De Nazaret, pero nuestros antepasados son de Belén y debemos empadronarnos, según el edicto de Cesar Augusto aquí.

Siento no poder atenderos.

¿Me podías informar si hay algún lugar cercano donde pudiéramos cobijarnos y descansar?

Te puedo indicar que a las  afueras del pueblo hay unas cuevas que utilizan los pastores para guardar su ganado, allí es probable que encontréis un cobijo donde resguardaros del frío de la noche.

Te agradezco la información y hacia allá iremos.      El forastero agarra el ronzal del burro donde va montada la bella doncella y  se despide con el habitual shalom.

Los veo que dirige sus pasos hacia el lugar donde yo le he señalado, hasta que la oscuridad de la noche los envuelve y desaparecen.

Desde que Salzillo me colocó asomado a la ventana allí permanezco indicando el camino que deben seguir los que buscan un cobijo como hizo aquella joven pareja.

 

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