El pastorcito del belén

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Yo soy una figura de pastorcito, aunque soy único, no tengo nombre solo el genérico de pastor, los que me ven para distinguirlo de otros pastores me llaman el de las castañuelas.

 

Hace bastantes años me modeló el mejor artesano del barroco que se llamaba Francisco Salzillo.

De una masa informe de barro cogió un puñado lo puso en su mesa y con sus manos y unos sencillos utensilios comenzó a trabajar.

Primero: En pocos días yo que era a un montón de arcilla, consiguió darle la forma.

Después me hizo una figura de una vez que consiguió modelarme.

Por último me dejó secar en una de las estanterías que tenía en su taller y allí estuve junto con otras figuras el tiempo suficiente para secarnos.

Debido al tiempo, las figuras que había modelado y que estábamos lo suficientemente secas, nos colocó  en una oquedad llamada horno .

Allí estábamos mirándonos unos a otros sin saber de nuestro destino mientras el maestro preparaba leña y la colocaba debajo de nosotros.

Seguidamente, le prendió fuego y allí estuvimos soportando aquel calor con paciencia porque nuestro interior confiábamos que nuestro creador sabía lo que nos convenía cada uno.

Debido al calor sufrimos una transformación química que los que entienden le llaman cocción de bizcocho.

Debido a ello, cambiamos de estado y nos convertimos en un material semejante a la piedra aunque más frágil .

De manera similar, también cambiamos de color de un gris a color teja.

Allí permanecimos un tiempo hasta que nos enfriamos de la temperatura que habíamos alcanzado.

El maestro Salzillo acompañado de algunos discípulos suyos nos fue sacando del horno y colocándonos nuevamente en la estantería.

Después de esos días,  me cogió a mí me puso en la mesa de trabajo y comenzó a pintar de colores.

Como yo era un pastor joven la cara y las manos me las pintó de un color rosado que imitaba muy bien la carne

Así mismo, para la ropa y las polainas escogió distintos colores que fue creando hasta conseguir el color que a él mejor le pareció.

Así hizo con todas las figuras del belén que le había encargado su amigo Jesualdo Riquelme Fontes en 1783.

Y después de un  tiempo  todos pasamos a ser propiedad de la Marquesa de Salinas y más tarde de Corvera.

Un día, entre tanto cambio me perdí y aparecí en la casa de un belenista que había ido coleccionando piezas de distintos artesanos españoles .

De hecho, todos los años cuando montaba su Belén y como yo era una pieza única me colocaba en un lugar preferente junto con los pastores de la escena del anuncio del ángel.

Debido a eso, esta escena que le gusta mucho a los niños, estábamos  rodeados de ovejitas y calentándonos junto al fuego.

Aunque yo era todavía un pastorcito, pasaba las noches vigilando por turno.

Como resultado, yo fui el  primero en ver al ángel

El ángel me dijo: “no temas que vengo anunciaros una gran alegría para todo el pueblo, hoy os ha nacido en la ciudad de David el Salvador que es el Cristo el señor y esto servirá de señal.

Encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre allí se escuchaban los coros angélicos cantando gloria dios en las lecturas y paz en la tierra a los hombres”.

Yo como pastorcito joven me uní a ellos tocando mis castañuelas.

A mí me hubiera gustado ir al portal para estar junto al Niño, pero como me había modelado de pie siempre me ponía guardando el rebaño.

Un año, al desmontar el belén me rompieron una pierna y así me colocaron en una de las cajas.

De esta forma,  permanecimos las figuras un año hasta que nuevamente se aproximó las Navidades.

El belenista después de haber montado toda la estructura del belén con sus montañas, ríos, huertas caminos y desierto, sacó las figuras de las cajas.

Casi había colocado la escena del anuncio del Ángel a los pastores  y a mí me había dejado en la caja, me sentí triste.

Por lo tanto, pensé, esta año año no contemplaré al ángel anunciándonos el nacimiento del Señor.

Finalmente, el belenista que iba dejar la caja en la estantería me cogió en sus manos, me miró y me dijo: no te voy a dejar aquí eres una pieza muy valiosa para dejarte en la caja.

Miró todo el belén montado y por sorpresa mía se acercó al portal y para disimular mi cojera, me colocó detrás de unos aperos que había en el portal.

No podía creérmelo me habían colocado en un lugar donde podía contemplar esa escena un lugar que yo había deseado toda mi vida si Salzillo me hubiera modelado de rodillas.

Allí estuve toda la Navidad, contemplando aquella escena, el misterio, que cambió el curso de la historia de la humanidad.

Allí estaban San José, la virgen María y el Niño rodeado de muchos ángeles que cantaban gloria Dios en las alturas y yo me uní a ellos con mis castañuelas e interiormente agradecía el belenista que no me excluyera y formara parte del Belén.

Comprensión lectora

1.- ¿Quién modelo al pastorcito?

A.- Jesualdo

B.- Salzillo

C.- Griñan

2.- ¿De que estaba fabricado el pastorcito?

A.- De arcilla

B.- De escayola

C.- De madera

3.- ¿Qué color tomó el pastorcito en el horno?

A- Rojo

B.- Amarillo

C.- Teja

4.- ¿De que color pintaron la cara y las manos del pastorcito?

A.- Tostado

B.- Rosado

C.- castaño

5.- ¿Qué le rompieron al pastorcito?

A.- La cabeza

B.- La mano

C.- La pierna

6.-  ¿Qué contemplaba el pastorcito?

A.- El belén

B.- La estrella

C.- Jesús. María y José

Actividades

1.- Dibuja un belén con todos sus personajes

2.- Escribe un cuento

Los pastores

Ahora que van quedando pocos pastores y los que quedan son de edad avanzada, me gustaría escribir sobre la vida de los pastores ya que es una profesión muy relacionada con el belén y en Belencribs nos ilusionan estas personas.

El trabajo de un pastor ha permanecido a través de la historia casi inalterado.

Es una estampa que todos recordamos de un hombre solitario que sale temprano con las ovejas al monte, a los prados o los rastrojos a que pacte el rebaño que llevan.

La vida del pastor es sacrificada y dura. El pastor se levanta temprano para sacar el ganado a pastar al lugar que le permiten.

Allí ve pasar el transcurrir de las horas lentas y silenciosas solo interrumpidas por el graznar de un cuervo o el balido de las ovejas y cabras o del ladrido del perro fiel cuando tiene que reconducir a alguna oveja o cabra descarriada.

El perro para el pastor es un fiel ayudante. Cualquier perro sea de la raza que sea tiene el instinto de proteger a las personas con las que vive y quiere.

El perro pastor cuida del rebaño como si fuera parte de su propia manada. Su instinto le hace adquirir la vigilancia del rebaño.

El perro siempre está dispuesto, a indicaciones de su amo, el pastor, a salir a buscar a la oveja extraviada o agrupar el ganado. Por ello podemos decir que el perro pastor es el mejor aliado del pastor.

Cuando el pastor se sienta aquí o allá el perro la hace igualmente a su lado y ambos contemplan al ganado. El pastor conoce a cada una de sus ovejas, sus inclinaciones y sabe adelantarse a sus instintos.

A cada una de sus ovejas les da un nombre que el perro también sabe distinguir.

A la hora del ocaso regresa al aprisco donde recoge el ganado por la noche para resguardarlo de la intemperie.

Durante muchos siglos se utilizaron las cuevas naturales, después se hicieron construcciones a tal propósito.

Allí ordeña una a una para obtener la leche que después venderá o la convertirá en rico queso.

Pero el trabajo de pastor aún tiene otros méritos que convierten a los protagonistas en unos «valientes y en unos héroes», según unos, o en unos «esclavos o desgraciados» en la opinión de otros.

El pastor no tiene fiesta ni vacaciones porque el ganado no entiende esos conceptos. Todos los días tienen que comer ya sea en los pastos o en los apriscos.

Muchas veces el pastor lleva un burro, no para subirse en él sino para que les portee la, comida las mantas y las alforjas que utilizan por si las ovejas paren algún cabritillo.

En los inviernos sopla el viento frío y las heladas han apagado los colores de la naturaleza hasta dejarla en una armoniosa gama de ocres, pardos grises y verdes somnolientos.

El anuncio del Ángel a los pastores de Belén

Fueron los pastores los primeros en conocer el nacimiento del Mesias.

Así lo quiso Dios aparecerse a unos pobres y sencillos pastores.

Fue un Ángel del Señor el que les anunció el acontecimiento más grande que se ha dado en la historia de la humanidad.

Dios se revela a los pobres y humildes que tienen su corazón abierto para Él.

Allí fueron deprisa a constatar el hecho.

Nos hemos de preguntar ¿Por qué Dios escogió a aquellos sencillos pastores que eran tenidos como ignorantes?

La respuesta es sencilla de responder, porque eran humildes y tenían el corazón desprendido de las cosas materiales.

El apego a los bienes materiales impide descubrir a Dios en el mundo y en nuestra vida personal.

Solo Él sabe quien le ama de verdad y quien lo busca con sincero corazón, quien lo necesita, quien reconoce su pequeñez.

Por esto mismo, escogió a los pastores para que fueran los primeros en conocer la buena nueva, en saber la gran noticia.

Los pastores hombres sin complicaciones tenían su corazón libre, abierto para recibir el mensaje divino. Seguidamente los pastores se pusieron  en camino para ver lo ocurrido.

Llegaron al lugar indicado y encontraron al Niño como le habían dicho.

El relato evangélico que nos cuenta san Lucas dice así:

“Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.”

Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.”

Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.

María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

 

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