Pastorcitos y pastorcitas

Érase una vez en un pueblo de la montaña vivía una familia de pastorcitos. Tenía un hijo y una hija y los dos ayudaban a su padre guardando las ovejas.

Un día el padre no pudo ir a pastar a las ovejas y le dijo a su hija: ve hoy a cuidar las ovejas porque me encuentro enfermo y tu hermano tiene que ir a recoger el trigo del molino. Ten cuidado de ellas y regresa cuando hayan comido lo suficiente.

La niña le dijo no te preocupes así lo haré. La niña salió con las ovejas a los prados y las dejó a que comieran la hierba.

Mientras estaba cuidándolas se sentó a la sombra de un árbol y allí se quedó dormida. Al despertar vio que las ovejas habían desaparecido de su vista. Entonces comenzó a llorar, no sabia que hacer estuvo dando vueltas por los distintos prados, pero no las encontró.

Entonces muy asustada se dirigió al molino para buscar a su hermano y comunicarle lo que había perdido las ovejas.

El hermano que ya había cargado su burro con los sacos de trigo al verla llorar le dijo: no llores verás como las encontraremos entre los dos. Tu vete al sitio donde estabas

El pastorcito llevó los sacos de trigo a la casa, cogió al perro y los dos se dirigieron a donde estaba la niña que seguía esperando a su hermano con mucha alegría. Confiaba en él

Al llegar allí el niño le preguntó qué había pasado.  La niña le dijo que se había dormido y que cuando se despertó no vio a ninguna oveja. Ha sido culpa mía.

El pastorcito le echó la mano por el hombro y le dijo las encontraremos, ánimo. Después se dirigió al perro le dijo: vamos a buscarlas encuéntralas y  tráelas de nuevo aquí. Le dio un silbido y le indico con la mano una dirección.

El perro salió corriendo y los dos hermanos le siguieron y antes de que el sol se ocultara por la montaña el perro encontró a las ovejas. El perro dio varios ladridos indicando a los hermanos donde se encontraban

Los dos hermanos pastorcitos se pusieron muy contentos y pudieron regresar a casa con las ovejas antes que anocheciera.

Comprensión Lectora

1.-Cuando el padre no pudo ir  con las ovejas ¿Qué le dijo a la pastorcita?

A.- Que fuera a cuidar las ovejas

B.- Que diera de beber a la ovejas

C.- Que diera de comer a las ovejas

2.- ¿Por que no iba el padre con las ovejas?

A.- Porque no tenía tiempo

B.- Porque estaba enfermo

C.- Porque estaba cansado

3.- ¿Qué le dijo la pastorcita al padre?

A.- Que lo haría

B.- Que no se preocupara

C.- Que estaba ocupada

4.- ¿Dónde fue el pastorcito?

A.- Al campo

B.- Al prado

C.-Al molino

5.- ¿Qué estaba haciendo el pastorcito?

A.- Acarrear leña

B.- Acarrear sacos de cebada

C.- Acarrear sacos de trigo

6.- ¿ Que hizo el perro del pastorcito?

A.- Dio varias vueltas

B.- Dio varios ladridos

C.- No hizo nada

Actividades

1.- Dibuja un pastorcito con su ovejita

2.- Escribe un cuento corto de pastorcitos.

Los pastores y pastorcitos

Ahora que van quedando pocos pastores y los que quedan son de edad avanzada, me gustaría escribir sobre la vida de los pastores ya que es una profesión muy relacionada con el belén y en Belencribs nos ilusionan estas personas. De hecho hay pocos hijos de pastores que quieran ser pastorcitos.

El trabajo de un pastor ha permanecido a través de la historia casi inalterado. Es una estampa que todos recordamos de un hombre solitario que sale temprano con las ovejas al monte, a los prados o los rastrojos a que pacte el rebaño que llevan.

La vida del pastor es sacrificada y dura. El pastor se levanta temprano para sacar el ganado a pastar al lugar que le permiten.

Allí ve pasar el transcurrir de las horas lentas y silenciosas solo interrumpidas por el graznar de un cuervo o el balido de las ovejas y cabras o del ladrido del perro fiel cuando tiene que reconducir a alguna oveja o cabra descarriada.

El perro para el pastor es un fiel ayudante. Cualquier perro sea de la raza que sea tiene el instinto de proteger a las personas con las que vive y quiere.

El perro pastor cuida del rebaño como si fuera parte de su propia manada. Su instinto le hace adquirir la vigilancia del rebaño.

El perro siempre está dispuesto, a indicaciones de su amo, el pastor, a salir a buscar a la oveja extraviada o agrupar el ganado. Por ello podemos decir que el perro pastor es el mejor aliado del pastor.

Cuando el pastor se sienta aquí o allá el perro la hace igualmente a su lado y ambos contemplan al ganado. El pastor conoce a cada una de sus ovejas, sus inclinaciones y sabe adelantarse a sus instintos.

A cada una de sus ovejas les da un nombre que el perro también sabe distinguir.

A la hora del ocaso regresa al aprisco donde recoge el ganado por la noche para resguardarlo de la intemperie.

Durante muchos siglos se utilizaron las cuevas naturales, después se hicieron construcciones a tal propósito.

Allí ordeña una a una para obtener la leche que después venderá o la convertirá en rico queso.

Pero el trabajo de pastor aún tiene otros méritos que convierten a los protagonistas en unos «valientes y en unos héroes», según unos, o en unos «esclavos o desgraciados» en la opinión de otros.

Los pastorcitos no tienen fiesta ni vacaciones porque el ganado no entiende esos conceptos. Todos los días tienen que comer ya sea en los pastos o en los apriscos.

Muchas veces el pastor lleva un burro, no para subirse en él sino para que les portee la, comida las mantas y las alforjas que utilizan por si las ovejas paren algún cabritillo.

En los inviernos sopla el viento frío y las heladas han apagado los colores de la naturaleza hasta dejarla en una armoniosa gama de ocres, pardos grises y verdes somnolientos.

Fueron los pastores los primeros en conocer el nacimiento del Mesias. Así lo quiso Dios aparecerse a unos pobres y sencillos pastores.

Fue un Ángel del Señor el que les anunció el acontecimiento más grande que se ha dado en la historia de la humanidad.

Dios se revela a los pobres y humildes que tienen su corazón abierto para Él.

Allí fueron deprisa a constatar el hecho.

Nos hemos de preguntar ¿Por qué Dios escogió a aquellos sencillos pastores que eran tenidos como ignorantes?

La respuesta es sencilla de responder, porque eran humildes y tenían el corazón desprendido de las cosas materiales. El apego a los bienes materiales impide descubrir a Dios en el mundo y en nuestra vida personal.

Solo Él sabe quien le ama de verdad y quien lo busca con sincero corazón, quien lo necesita, quien reconoce su pequeñez, por eso escogió a los pastores para que fueran los primeros en conocer la buena nueva, en saber la gran noticia.

Los pastores hombres sin complicaciones tenían su corazón libre, abierto para recibir el mensaje divino. Por eso se pusieron inmediatamente en camino.

Llegaron al lugar indicado y encontraron al Niño como le habían dicho.

El relato evangélico que nos cuenta san Lucas dice así:

“Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

De pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.”

Sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.”

Fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.

María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Los pastorcitos de Fátima

Cuando tenemos que hablar de pastorcitos siempre nos acordamos de los pastorcitos de Fátima.

Los pastorcitos de Fátima fuero tres Jacinta, Francisco y Lucía. Los dos primeros eran hermanos que nacieron en pueblecito de Aljustrel y Lucía era su prima y la mayor de los tres pastorcitos.

Lucia, por necesidades de la familia tuvo que salir a pastorear el rebaño desde 1915. Al siguiente año sus primos Francisco y Jacinta comenzaron a acompañar a su prima en aquella tarea.

Los tres pastorcitos provenían de una familia campesina que vivía apenas con lo necesario.

Los pastorcitos se comportaban como la mayoría de los niños y niñas de su edad y de su tiempo en un ambiente completamente rural.

Entre mayo y octubre del año 1917  ocurrieron las apariciones de la Virgen María.

La primera aparición fue el 13 de mayo y la Virgen les pidió que volvieran los siguientes seis meses el día 13 de cada mes y a la misma hora.

La segunda aparición fue el miércoles 13 de junio.

La tercera aparición fue viernes 13 de julio.

La cuarta aparición fue el miércoles 15 de agosto.

La quinta fue el jueves 13 de septiembre y

la sexta el sábado 13 de octubre que fue cuando los asistentes vieron bailar el sol y la Virgen les pidió a los pastorcitos que en ese sitio levantaran una capilla en honor a Ella.

Francisco murió a causa de la epidemia de la gripe el día 4 de abril y en febrero del siguiente año falleció su hermana Jacinta en un hospital de Lisboa, lejos de su familia, tal como se lo había anunciado la Virgen María.

El 13 de mayo del año 2000, el papa Juan Pablo II beatificó a los dos hermanos y el 13 de febrero de 2005,  a Lucía.

Cuando se cumplió el centenario de las apariciones el Papa Francisco canonizó a los tres pastorcitos de Fátima

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