El Sí que cambió el mundo

Un Sí que transformó el mundo

Hoy fiesta del Espíritu Santo es un día para acordarnos de lo que ocurrió en Nazaret hace dos mil y pico años. Con la respuesta afirmativa de María concibió a Jesús el Salvador por obra del Espíritu Santo.  María, como colaboradora de Dios en dar a su Eterno Hijo la naturaleza humana, ha sido el instrumento de la unión de Jesús con toda la humanidad.   A partir de ese instante comenzó la Redención del género humano.

Los belenistas al instalar nuestro belén estamos recordando el hecho más trascendental que se ha dado en el cosmos, que Dios haya querido hacerse Hombre para rescatar al hombre.

El ángel la saludó con las palabras «Ave María». El saludo provoca turbación en María: «Ella se turbó al oír estas palabras y discurría qué podría significar aquella salutación. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo… Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 29-35).

“El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es El quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno” (Es Cristo que Pasa, n.130).

 

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