Domingos de san José. Tercer domingo

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En este relato podrás descubrir a San José ejerciendo de padre de Dios.

Desde BelenCribs queremos ayudarte y para ello te hemos preparado varios relatos, historias y fábulas para entretenerte y colaborar contigo en la educación de tus hijos o alumnos. Junto con las fábulas, también, te traemos ejercicios de comprensión lectora y otras actividades que puedes realizarlas con los niños.
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Tercer domingo de San José

VER CÓMO CRECEN los hijos es una de las alegrías más grandes que ofrece la vida. Ese gozo lo experimentó san José al ver que Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

José, a través de su tierno cuidado, preparó a Jesús en sus primeros pasos en la tierra.

Jesús dile a mamá que te limpie el sudar y te dé un vaso de agua vienes sudoroso.

Abba, es que he estado jugando con mis amigos en la plaza.

Cuando termines vuelve al taller para recoger las virutas que son muy buenas para encender el fuego.

Ahora vuelvo, ¿quieres tú también agua?

No, ahora no, tengo que terminar una ventana para la casa se Levi el de la esquina de la plaza.

Si, ya se quien dices el padre de mi amigo Benjamín. Ahora vuelvo

Jesús salió corriendo hacia la casa donde se encontraba su madre María.

Decía san Josemaría que: Jesús debía parecerse en lo físico a su madre y a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan y en otras muchas cosas de la vida diaria que los niños copian de sus padres.

Cuando regresó Jesús y recogió la viruta José le dijo: el sábado iremos a la sinagoga como todos los sábados a recitar el Shemá y hablaremos con el rabino por si quiere que te enseñemos algún salmo en especial.

LA ENSEÑANZA de la ley de Moisés era obligación y privilegio del padre de familia. Por eso, fue José quien enseñó enseñar al Mesías la historia de Israel y la fe de la Alianza.

Como decía el Papa Francisco: El hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo.

El vídeo del cuento

 

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¿Qué nos enseña este tercer domingo de san José?

LA ENSEÑANZA de la ley de Moisés era obligación y privilegio del padre de familia. Por eso, fue José quien tuvo la peculiar tarea de enseñar al Mesías la historia de Israel y la fe de la Alianza. María y su esposo veían que Jesús era un niño como tantos otros pero, a la vez, sabían que todo el misterio de Dios habitaba en él. A ellos les fue confiada la responsabilidad de poner el nombre de «Jesús» a la segunda persona de la Santísima Trinidad encarnada y de educarlo en la tradición del pueblo elegido.

SANTA MARÍA y san José no solamente enseñaron a Cristo las costumbres y la ley de Moisés sino que, descubriendo el misterio de Dios en su Hijo, se dieron cuenta de que ellos mismos aprenderían mucho de Jesús. El evangelista san Lucas nos repite dos veces que María guardaba y meditaba en su corazón los acontecimientos y las palabras de su Hijo. ¡Qué importancia tiene saber mirar y escuchar, de un modo similar a como lo hicieron la Virgen Santísima y su esposo José!

La educación de los hijos

La educación de los hijos es la primera obligación de los padres, estos son los primeros educadores. La escuela doméstica

Cuántas veces, al ver a Jesús, el santo patriarca se habrá asombrado pensando: ¡qué bueno es Dios! ¡Qué amable y tierno! ¡Qué paciente y cercano a nosotros! La paciencia y la comprensión son características fundamentales que todo padre –y, en general, todo maestro– debe tener, especialmente ante los defectos propios y ajenos; pues «debemos aprender a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura. El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo»[5]. Al contrario, debemos descubrir, una y otra vez, lo positivo en nosotros y en los demás, pues así se acerca Dios a nuestra vida: «La verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona. La verdad siempre se nos presenta como el Padre misericordioso de la parábola: viene a nuestro encuentro, nos devuelve la dignidad, nos pone nuevamente de pie»[6]. No hay nada que anime más a mejorar la conducta que el aliento, la palabra amable, la comprensión ante la debilidad.

San José aprendió de su hijo, que era Dios, a ver el mundo con compasión y ternura. Decía san Josemaría: «José era un gran cariño de Jesucristo; María era su Madre, a la que quería con locura. Pues vamos a tener nosotros una devoción grande a San José, una devoción tierna, delicada, fina, afectuosa. Le llamamos Padre y Señor nuestro: ¡pues vayamos a él como hijos, constantemente! Y, por él, a María, dialogando con los dos. ¿Habéis visto esas representaciones de la Sagrada Familia con el Niño en el centro, la Virgen a la derecha y San José a la izquierda, dándose la mano? Pues esta vez somos nosotros los que nos cogemos de la mano de María y de José, y así nos llevarán hasta Jesús»[7].

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