Los siete domingos de san José. Primer domingo

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En esta historia podrás descubrir los dolores y gozos de san José. Te ayudará a tenerle por amigo

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El vídeo del cuento

 

 

¿Qué nos enseña san José en este primer domingo?

La Iglesia, siguiendo una antigua costumbre, prepara la fiesta de san José. El día 19 de marzo, dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de la vida de San José.

Este primer domingo de san José vemos:

Primer dolor: Estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18).

Primer gozo: El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Mt 1, 20-21).

Si queremos saber más acerca del entorno familiar de Cristo, en la Sagrada Escritura vemos siete momentos cruciales en la vida de san José.

Son siete vivencias suyas en las que, como es normal también en nosotros, se mezclan el gozo y el dolor, la alegría y el sufrimiento.

Por eso en muchos lugares se dedican los siete domingos previos a su fiesta a meditar estos pasajes.

Un día, alguien preguntó a san Josemaría cómo acercarse más a Jesús: «Piensa en aquel hombre maravilloso, escogido por Dios para hacerle de padre en la tierra; piensa en sus dolores y en sus gozos. ¿Haces los siete domingos? Si no, te aconsejo que los hagas».

La devoción al santo Patriarca

La devoción al santo patriarca siempre ha estado presente en el arte y en la piedad popular a lo largo de la historia de la Iglesia.

En el siglo XVII, el Papa Gregorio XV instituyó por primera vez una fiesta litúrgica en su nombre. Posteriormente, en 1870, el santo Papa Pío IX nombró a san José patrono universal de la Iglesia.

A partir de entonces, Leon XIII dedicó una encíclica al santo patriarca y en el centenario de este documento san Juan Pablo II escribió la exhortación apostólica Redemptoris custos. Ya en el tercer milenio, el papa Francisco publicó también una carta sobre san José bajo el título Patris corde, Con corazón de Padre.

Este reiterado interés de la Iglesia, de manera especial en los últimos tiempos, puede renovar en nosotros una actitud de agradecimiento, admiración y puede llevar a que nos preguntemos: ¿qué lugar ocupa san José en mi corazón?

«¡Qué grandeza adquiere la figura silenciosa y oculta de san José –decía san Juan XXIII– por el espíritu con que cumplió la misión que le fue confiada por Dios.

Pues, la verdadera dignidad del hombre no se mide por el oropel de los resultados llamativos, sino por las disposiciones interiores de orden y de buena voluntad»[meditaciones primer domingo].

El santo patriarca, a pesar de ser consciente de la importante y nobilísima tarea que el Señor le encomendó, ha llegado a nosotros como un ejemplo de humildad y discreción. Es en el silencio de aquel «ocultarse y desaparecer» en donde los planes divinos dan sus mayores frutos.

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