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El hombre que amaba la pintura. Una alegoría para ti

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Hola amigos yo me llamo Niko y hoy quiero contaros esta bonita historia:

Un hombre rico tenía una gran pasión por el arte y había coleccionado grandes obras: desde Velázquez hasta Picasso.

Vivía en una gran mansión. Era viudo y tenía un solo hijo. Desgraciadamente, el hijo tuvo que ir a la guerra.

Fue muy valiente y murió en el campo de batalla mientras rescataba a otro soldado.

El padre sufrió profundamente su muerte.

Acabada la guerra, en Navidad, un soldado llegó a su casa con un paquete:

Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida; murió al llevarme a un lugar seguro.

Me hablaba mucho de usted y de su amor por el arte. Por ello, aunque no soy gran artista le hice esta pintura.

El padre abrió el paquete. Era el retrato de su hijo, pintado por el joven soldado.

El padre la contempló con profunda emoción y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Le ofreció pagarle lo que quisiera.

Oh no, señor, es un regalo, jamás podría pagarle lo que su hijo hizo por mí, dio su vida.

El padre colgó el retrato arriba de su chimenea y lo enseñaba a todas las visitas.

El hombre murió años después y dejó en su testamento indicaciones sobre la subasta de sus pinturas.

Empezó la subasta y había mucha gente importante.

El subastador golpeó su mazo para dar inicio:

Comenzaremos con este retrato del hijo del fallecido. ¿Cuánto ofrecen?

Hubo un gran silencio.

Una voz gritó:

Queremos ver las pinturas famosas. Olvídese de esa.

El subastador persistió:

¿Alguien ofrece algo por esta pintura?

Otra voz gritó con enojo:

Venimos por los Picasso y los Van Gogh.

El subastador continuaba:

Quién puja por la del hijo. ¿Quién se la lleva?

Finalmente, una voz se oyó desde muy atrás de la habitación:

Yo doy 97 dólares por la pintura.

Era el viejo jardinero del padre quien, siendo pobre, era lo único que podía ofrecer.

Tenemos $97 ¿Quién da más?”, gritó el subastador.

La multitud enojada no quería la pintura del hijo. El subastador golpeó por fin el mazo:

Va una, van dos, vendida por $97 dólares al señor del fondo.

El subastador dijo:

Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.

Pero ¿y las pinturas?, dijeron los asistentes interesados.

Contestó el subastador:

Pido disculpas, pero el testamento indicaba que quien se llevara la pintura del hijo, se llevaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas.

El hombre que aceptó la del hijo, se queda con todo.

Podemos sacar esta alegoría trascendente: quien tiene a Jesús, el Hijo del Padre, lo tiene todo.

C0mprensión lectora

1.- ¿Dónde vivía el hombre?

A.- En un palacio

B.- En una casa

C.- En una mansión

2.-¿Dónde tuvo que ir el hijo?

A.- Al extranjero

B.- A la guerra

C.- A un país

3.- ¿Qué le paso al hijo?

A.- Que estudió

B.- Que murió

C.- Que vivió

4.- ¿Quién fue a visitar al hombre por Navidad?

A.- Un amigo

B.- Un vecino

C.- Un soldado

5.- ¿Quién compró la pintura?

A.- Un amigo

B.- Un soldado

C.- El jardinero

6.- ¿Por cuanto compro el retrato?

A.- Por 27 dólares

B.- Por 97 dólares

C.- Por 87 dólares

Actividades

1.- Escribe el nombre de cinco pintores famosos

2.- Adivina adivinanza:

No toma té, ni toma café, y está colorado, dime ¿Quién es?

3.- Acertijo:

¿Dónde esconderías a una oveja?

Si no lo has adivinado puedes ver las respuestas al final de página.

El valor del agradecimiento

En esta bella historia nos encontramos con el valor del agradecimiento.

El soldado que ha sido salvado por el hijo del hombre que ama la pintura, quiere agradecer al padre del muchacho fallecido lo único que le podía recordar a su hijo, un retrato realizado por el soldado.

El padre emocionado quiere pagárselo por el valor que le ponga. El soldado le responde que jamás podría pagarle lo que su hijo hizo por él, dio su vida.

La gratitud es un valor que se nutre y se fortalece al practicarlo constantemente.

Estar siempre agradecidos es definitivamente muy saludable, pero mejor aún si expresamos nuestro agradecimiento, aprovechando cada oportunidad para hacerle saber a las personas nuestra gratitud por haber contribuido a sobrellevar, de alguna manera, nuestro diario existir.

Por ello, el padre del muchacho fallecido le practicaba cuando enseñaba el retrato de su hijo a todas las visitas.

Decir gracias no nos quita nada, ni tiempo ni espacio, mucho menos dinero.

La palabra ‘gracias’ es muy sencilla de pronunciar o de escribir, y acompañada con una sonrisa, alegra el alma de todo ser humano, porque el corazón siendo tan complicado se satisface con lo elemental de esta apreciable expresión.

Es decir, el agradecimiento es algo que debe estar presente en cada momento, en cada instante de nuestra vida.

De manera similar podemos decir que no hay nada mejor que ser agradecidos y manifestar ese agradecimiento a nuestros amigos, familiares, quizás a algún desconocido, pero más importante aún, no olvidarnos de dar diariamente gracias a Dios por la multitud de dones que nos da.

Dar las gracias es algo que cuesta poco,  pero trae grandes recompensas.

Respuesta a la adivinanza: El tomate

Respuesta al acertijo: En un rebaño

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