El arte de crecer Cuento chino

En este cuento de origen chino podrás aprender la virtud de la paciencia que hemos de tener en toda circunstancia.

Desde BelenCribs queremos ayudarte y para ello te hemos preparado varias fábulas para entretenerte y colaborar contigo en la educación de tus hijos o alumnos. Junto con las fábulas, también, te traemos ejercicios de comprensión lectora y otras actividades que puedes realizarlas con los niños.
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El cuento: El tiempo de crecer

En un pequeño pueblo enclavado entre montañas cubiertas de niebla vivía el maestro Wei, un anciano sabio al que todos acudían en busca de consejo. Decían que sus palabras eran como el agua: suaves al caer, pero capaces de abrir camino incluso en la piedra más dura.

Una mañana de primavera, cuando los cerezos comenzaban a florecer, un joven llamado Li cruzó el portón de madera del jardín del maestro. Li era aprendiz de alfarero, pero la impaciencia le pesaba más que el barro en sus manos.

—Maestro Wei —dijo sin apenas saludar—, ¿cómo puedo aprender más rápido? ¿Cómo puedo ser mejor sin perder tanto tiempo?

El anciano, que estaba regando con calma un pequeño bonsái, no respondió de inmediato. Señaló un cojín junto a él.

—Siéntate.

Li obedeció, aunque su pierna no dejaba de moverse, inquieta.

Tras un breve silencio, el maestro preguntó:

—Li, ¿sabes cuánto tiempo tarda el bambú en crecer?

—No lo sé —respondió el joven, frunciendo el ceño.

Wei dejó la regadera a un lado y miró hacia un grupo de bambúes que se mecían suavemente con el viento.

—Durante años, el bambú desarrolla sus raíces bajo la tierra. En ese tiempo, parece que no ocurre nada. Quien lo observa desde fuera podría pensar que está perdiendo el tiempo… Pero cuando está listo, crece con una fuerza extraordinaria, alcanzando alturas impresionantes en muy poco tiempo.

Li guardó silencio unos segundos, sin comprender del todo.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo, maestro?

Wei sonrió con serenidad.

—Voy a enseñarte un proverbio: no temas crecer lentamente; teme solo quedarte quieto. Crecer no es algo malo, aunque no se vea. Cada esfuerzo que haces, por pequeño que parezca, fortalece tus raíces. El verdadero peligro está en detenerse por miedo a la frustración o al fracaso.

El viento agitó suavemente los pétalos de los cerezos, que comenzaron a caer como una lluvia silenciosa.

Li bajó la mirada hacia sus manos, ásperas por el trabajo. Por primera vez, no las vio como torpes, sino como manos que estaban aprendiendo.

Aquel día no hizo más preguntas.

Se quedó sentado junto al maestro, bajo la sombra del cerezo, mientras comprendía en silencio que crecer lentamente también es avanzar… y que, como el bambú, su momento llegaría.

 

El vídeo del cuento: El arte de crecer

 

Actividades.

1.- Adivina adivinanza:

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3.-Test de ortografía:

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4.-Ahorcado:


Completa las siguientes palabras con la letra correcta. Si no la sabes, búscala en el cuento.

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¿Qué nos enseña El arte de crecer?

Los avances tecnológicos, la facilidad en las comunicaciones, la permanente conectividad, el afán de producir, la necesidad de competir y otros factores más, han hecho que vivamos a un ritmo vertiginoso en el que reina la prisa y lo urgente, provocando un alejamiento del imprescindible valor de la paciencia.

Todo lo queremos para “ya”, no existe la mínima tolerancia ni siquiera al corto plazo, y cuando algo no sale como lo esperábamos brota la impaciencia, llegando muchas veces a los límites del irrespeto hacia los demás.

Paciencia significa tener autodominio cuando no puede controlar la manera de actuar de una persona o cuando las cosas no salen como se quiere. Ser paciente es ser sereno y tolerante frente a las dificultades.

Tener paciencia significa esperar, soportar sin alterarse una demora o una situación molesta. Paciencia es perseverancia, es esperar el tiempo que sea necesario para terminar algo. Además, es la capacidad para hacer trabajos minuciosos o pesados.

 

¿Cómo te puede ayudar El arte de crecer?

La paciencia, además de ser un valor, es una forma de vida en donde prima la serenidad y el autocontrol. Es fortaleza para aceptar con calma el dolor y las pruebas que la vida nos pone para el continuo crecimiento interno.

Cuando se vive con paciencia, las situaciones adversas no nos alteran, pues como principio fundamental sabemos que una acción desesperada en ese momento puede causar una consecuencia desfavorable o no solucionar nada. La persona paciente tiende a desarrollar la capacidad para ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos. La paciencia nos lleva a afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.

La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan ya que piensan que a las cosas que no dependen estrictamente de uno hay que darles tiempo.

No sobra decir entonces, que la paciencia no tiene ninguna relación con la indiferencia ni con la pasividad.

Reflexión sobre El arte de crecer

Es necesario tener paciencia con todas las personas que nos relacionamos, pero, en primer lugar, con uno mismo.

Cuando se es paciente con los demás, aprendemos a desarrollar la óptica positiva, valorando en mayor proporción las cualidades que los defectos de los demás.

A lo largo del día, la vida pone a prueba nuestra paciencia; por ejemplo: un dolor físico o enfermedad leve, el excesivo calor o frío, el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo tráfico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material del trabajo, etc. Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz. En esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia.

La paciencia también nos lleva a desarrollar otros valores como la tolerancia, el respeto y la sana convivencia. La práctica de todos ellos nos trae increíbles beneficios para la salud mental y física, pues cada vez que sentimos un enfado, ira, ansiedad exagerada o sobresalto, el corazón se ve realmente afectado. La paciencia nos da esa tranquilidad interior para tolerar las situaciones, evitando así problemas físicos y mentales.

 

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